Un belicoso samurái desafió en una ocasión a un maestro zen a que explicara el concepto de cielo e infierno.

El maestro respondió con desdén:

— No eres más que un patán. ¡No puedo perder el tiempo con individuos como tú!

Herido en lo más profundo de su ser, el samurái se dejó llevar por la ira, desenvainó su espada y gritó:

— ¡Podría matarte por tu impertinencia!

— Se acaban de abrir las puertas del infierno — repuso el maestro con calma.

Desconcertado al percibir la verdad en lo que el maestro señalaba con respecto a la furia que lo dominaba, el samurái se serenó, envainó la espada y se inclinó, agradeciendo al maestro la lección.

— Se acaban de abrir las puertas del cielo — añadió el maestro.

FERRAN RODRÍGUEZ

Un coach tiene la posibilidad de crear grandes enseñanzas evidenciando en su coachee los paradigmas que orientan y limitan su vida.

Como el maestro con el samurái, no hace falta explicar o convencer para dar una lección.

Es más genuino el conocimiento que, como diría Sócrates, encontramos en nosotros mismos gracias al diálogo con un Coach entrenado para liberar nuestro potencial.

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